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El niño y la criatura

Un cuento sobre el principio de una amistad que ayudó tanto a un niño como a una criatura a concienciarse de la importancia de la limpieza de las playas.

 

Al Niño nunca le había entusiasmado la playa. El agua salada le secaba las manos y estaba tan fría que cuando intentaba unirse a sus familiares se le congelaban las piernas, y cuando conseguía alcanzarlos, las olas lo arrullaban y lo devolvían a la orilla. Por esto, siempre que llegaban a la playa de la Tortuga extendía su toalla y se sentaba bajo la sombra de su sombrilla, donde se quedaba todo el día. 

Un día especialmente aburrido decidió ir a recoger conchas, porque era una de las únicas actividades que le parecían algo interesantes. Normalmente cogía muchas conchas, pero solo se llevaba las tres más bonitas, que luego vendía en el mercado. Pero ese día no encontró ninguna que le llamase la atención donde las solía coger. Decidiendo aventurarse, trepó las rocas que separaban la playa de la Tortuga de la Rocosa, que, como indicaba su nombre, no tenía arena, sino piedras grandes y puntiagudas. Sus padres le habían dicho que no cruzara solo, porque era peligroso, pero es que él se aburría mucho y no tenía tiempo de pedirle a algún mayor que lo acompañase. Lentamente y con cuidado fue descendiendo por las rocas hasta llegar a las que se encontraban cerca del mar. Estas eran lisas y ya no le hacían daño en los pies. 

Las olas de esta playa estaban tranquilas y lamían las piedras de forma dulce y serena. El Niño sintió unas ganas locas de acariciarlas, por lo que se acercó a la orilla y metió una mano en el agua. La sorpresa que sintió cuando lo que notó fue el tacto de otra mano en la suya fue tal que casi se desmayó. Poco a poco, una cabeza sobresalió entre las aguas y unos enormes ojos azules se encontraron con su rostro. El Niño agarró lo que tenía más cerca para asegurarse de que no estaba soñando, cosa que resultó ser la mano de la Criatura.

-… Hola.- Dijo mientras se la apretaba.

La Criatura pareció algo confusa, pero le devolvió el saludo (Aunque se olvidó de soltarle la mano después) – Hola. Qué haces.- A pesar de que no lo enunció como si fuera una pregunta, el Niño comprendió que lo era.

– Estoy cogiendo conchas. Pero aún no he cogido ninguna. ¿Me podrías decir tu nombre?

– Bueno, si tuviera uno te lo diría.

– Vaya…

Se callaron después de eso. Sus manos seguían agarradas. 

– ¿Quieres… ayudarme a coger conchas?- La Criatura se encogió de hombros, pero parecía algo contenta. 

Cuando el Niño empezó a sentir hambre, aún no habían cogido ninguna, porque lo único que encontraban era basura.

– Siento no haber podido ayudarte…

– ¡No pasa nada, hemos cogido muchos tesoros! Como no son conchas, no sé si los tengo que devolver a la playa o no… Se lo preguntaré a mamá ahora. ¿Te gustaría venir conmigo a comer?

La Criatura negó con la cabeza.

-Bueno, pues tú te lo pierdes, porque hoy hay tortilla de patatas del abuelo, que está bien rica.- Dijo él, algo molesto.

– Volverás luego.

El Niño se paró a pensarlo. Por un lado, se sentía algo culpable, porque no se suponía que estuviera allí, pero por el otro se lo estaba pasando tan bien…

– Vale, volveré. 

La Criatura se puso tan contenta que dio una voltereta en el agua. 

Después de comer, el Niño volvió con un cubo y una gran sonrisa.

– ¡He vuelto, Criatura! ¡Mira lo que traigo!

La Criatura se acercó para ver lo que traía.

– Qué es eso. 

– Es un cubo. Lo suelo usar para las conchas, pero mamá me ha dicho que podemos meter los plásticos aquí.

– Y luego los devolvemos. -preguntó la Criatura (Se ve que no sabía entonar interrogaciones). 

– No, me ha dicho mamá que los plásticos hay que sacarlos de la playa, porque si no los peces se los pueden comer.

Tras decir esto, el Niño observó con atención a la criatura, que tenía una cola muy larga.

– ¿Tú eres un pez?

– Supongo.

Esta información hizo que el Niño se pusiera muy triste.

– Por qué estás triste.- Preguntó la Criatura (o tal vez el Pez) preocupada. – Te has hecho daño.

– No, es que me ha contado mi mamá que los peces comen plástico y se pueden morir. No quiero que te mueras porque ahora eres mi amiga y me pondría muy triste.

– No comeré plástico entonces.

– Pero, ¿qué hay de los peces que ya se lo han comido? ¡Es muy tarde para ellos!

La Criatura pensó en sus amigos los peces pequeños y se acordó de los días en los que se encontraba a alguno flotando panza arriba, o de sus amigas tortugas que habían tenido que irse porque a una de ellas se le había metido basura en la nariz, o de aquella vez que las gaviotas habían traído noticias de cuando el mar se había teñido de negro, y se puso muy triste también. Pero no lloró, porque los peces no lloran. 

El Niño vio como la cara de su amiga se ensombrecía y se sintió fatal. Con algún esfuerzo, se metió en el agua (que seguía fría) y la abrazó. 

– Tengo una idea.- Le dijo en voz bajita. – Vamos a coger todo el plástico que podamos y me lo voy a llevar lejos de la playa, y volveré siempre que pueda y tú me ayudarás a hacerlo y así no te morirás.

La Criatura se sintió algo más tranquila y lo abrazó de vuelta.

– Vale, haremos eso. 

Y eso hicieron, y a ellos se unieron cada vez más personas.

Y al Niño le empezó a gustar la playa, que ahora estaba más limpia.

 

IES Giner de los Ríos
1º de Bachillerato
Mar Feijóo

Publicado en Relatos | 6 comentarios

6 respuestas a El niño y la criatura

  1. Milu Torres dice:

    Lindo minha querida estás de parabem lê-la texto.

  2. Carmrla dice:

    Un cuento precioso que nos recuerda que debemos cuidar el mar y protegerlo de tantos restos contaminantes como son sin duda los plasticos. En hora buena Mar

  3. Artur Caracol dice:

    Un cuento que nos muestra lo que los niños saben y los adultos olvidan, cómo encontrar preguntas en la enunciación de lo desconocido, encantador y sumergiéndonos en frases de un sonido limpio como este en el que lánguidamente me lleva a la orilla del mar:

    “Las olas de esta playa estaban tranquilas y lamían las piedras de forma dulce y serena. El Niño sintió unas ganas locas de acariciarlas, por lo que se acercó a la orilla y metió una mano en el agua.”

  4. Ciomara Morais dice:

    Bravo Mar

  5. Maria dice:

    Que bonito! Ojalá transcienda y concience a todos los que utilizamos las playa.
    Gracias!!

  6. Antón dice:

    Gústame moito Mar!

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